Paredes blancas

—¿Ves los pájaros que vuelan sobre mí?

—Sí,  los veo.

—¡Dejen de hablar, quiero dormir!

—No hay nada en el techo.

Cuatro personas parecen discutir sin llegar a un acuerdo aparente. Sin embargo, tienen algo en común: sus voces le pertenecen al mismo dueño. 

Una enfermera ingresa a la habitación del paciente para dejar su comida. Los ojos abrumados y extraviados del hombre dirigen su mirada hacia ella. La mujer teme porque, aunque conoce al individuo de algún tiempo atrás, no está segura de si conoce realmente a los demás seres que lo habitan.  Engendros o personajes que son, al fin y al cabo, culpables de su prolongada estadía, sumido en un universo de espejismos y sombras.

—¿Usted los ve, enfermera?—pregunta el hombre con anhelo.—Son muchos, de diversos colores incluso: los hay violeta, dorados, brillantes.

—¡Cállense!—grita el hombre mirando a sus costados, como si las figuras existentes en su mente se hubiesen manifestado.—Enfermera, dígales que por favor se retiren, sólo quiero estar en paz, no quiero escuchar más voces. No los soporto más—murmura el paciente a pocos pasos de la enfermera, esta vez, con un rostro lleno de dolor.

La mujer permanece quieta y callada. El hombre se cubre los oídos con presión;  no quiere oír, no quiere ver, quiere escapar, pero cómo, si es de sí mismo de quien intenta desprenderse. 

La enfermera mira al hombre con compasión, siente pena por él, se acerca con sigilo, consciente de que, aunque está a un par de centímetros, está muy lejos de él. Intercambian miradas y la mujer le propicia una inyección en el brazo antes de que el paciente vuelva a pronunciarse. Los diálogos entre sus personalidades múltiples continuan, hasta que poco a poco se apagan. La enfermera deja la habitación, mientras el hombre yace tendido sobre su cama y por un instante goza de una leve cordura que le permite entender donde está. Recorre el lugar con la mirada, reconoce las cuatro paredes blancas que lo rodean, los muros que levantan el que es ahora su perpetuo hogar.

Jorge Vargas Chavarría

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mario Larrea dice:

    ¡Fascinante como siempre! ¡Una prosa increíble y digna de ser aplaudida!
    Yo no puedo hacer minihistorias, jajajaja. Siempre que intento hacerlas, me voy de largo y termino en un artículo de 3 o 4 páginas.

    Keep on with the good work my friend and thanks for making publicity for me on Twitter.
    Take care!

    MARIO

  2. Los microcuentos son mis favoritos!!! Éste me gusto mucho mucho, buena la manera de contar la historia!!!
    Saludos 😀

    1. Gracias! Espero leas los otros cuentos. Un abrazo.

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